sábado, 15 de septiembre de 2012

Revolución en las 13 colonias


Revolución en las trece colonias norteamericanas.
Los prósperos orígenes: antecedentes y causas de la revolución.
Desde los primeros asentamientos de los europeos hasta la Independencia la sociedad de los blancos de Norteamérica fue fundamentalmente, por utilizar la precisa expresión de Louis Hartz, “un fragmento de Europa”. (...) La base de su creciente prosperidad fue la necesidad continua de los productos americanos en toda Europa.
Y, finalmente, las rivalidades entre las grandes potencias europeas –sobre todo la competencia entre Francia e Inglaterra por el predominio en el continente norteamericano- hicieron posible la afirmación militar y diplomática de la independencia. (...) En 1763, con la firma del tratado de paz tras la guerra de  los Siete Años, Francia tuvo que cederle a la Gran Bretaña sus territorios norteamericanos hasta el Misisipi. Con el fin de arrancarle de nuevo al gran rival un trozo de su imperio, Luis XVI apoyó a los colonos rebeldes mediante envíos de armas y préstamos, y, finalmente con la intervención de la flota francesa.
(...) En América lucharon emigrantes europeos por su autodeterminación, con el apoyo militar de varias potencias europeas.
(...) La revolución americana fue una revolución burguesa por excelencia: la toma del poder violenta por una gran parte de las capas altas y medias de la burguesía colonial europea en contra de la pretensión de dominio de una monarquía constitucional. De ahí que la lucha por la independencia no condujera a un derrumbamiento del orden social ni a una transformación social.(...) no fue, pues, el último acto desesperado de resistencia de los colonos explotados, sino el primer acto de defensa de las posibilidades de desarrollo de una nueva economía nacional.
El fundamento ideológico: Algunos aspectos del primitivo puritanismo habían entrado a formar parte de las nuevas concepciones, pero, en su manifestación pura, el calvinismo había perdido influencia también en Nueva Inglaterra hacia 1760, teniendo que cederle el puesto a los valores de la Ilustración, que ya no tenían solamente una fundamentación religiosa. Ya habían pasado los tiempos de los primeros asentamientos homogéneos. (...) No fue una opresión política del tipo de un anciano régimen del continente europeo lo que impulsó a los americanos a la lucha por la “libertad” y la “república”. No fue la ruina económica, provocada por leyes relativas al comercio y al
transporte marítimo, lo que convirtió en rebeldes a comerciantes y plantadores.
En América lucharon emigrantes europeos por su autodeterminación, con el apoyo militar de varias potencias europeas. Inglaterra opinión dividida: (...) aproximadamente un tercio era de leales a Gran Bretaña o “torie”, mientras que otro tercio era de neutrales o indiferentes. La lucha por al independencia americana fue apoyada por una minoría voluntarista que quería imponer su deseo y mantuvo la guerra con gran dificultad durante siete largos años. Su éxito se debió en parte a la división de la opinión en Gran Bretaña, ya que una minoría no desdeñable de la sociedad británica simpatizaba con los colonos americanos.
Experiencia americana: (...) los americanos con frecuencia, y desde el principio, codificaban sus derechos en documentos fundamentales. Quizá la más destacada de esas cartas coloniales de libertad fue el Body of Liberties de Massachussets, adoptado en 1641, cincuenta años antes de la Declaración de Derechos inglesa y 150 antes de la Declaración americana de Derechos.
Relativa independencia desde antes: Un principio básico del sistema colonial inglés y americano de gobierno garantizaba que la Cámara de los Comunes en Inglaterra y las asambleas coloniales en América tenían autoridad exclusiva para emitir papel moneda, papel que la Cámara de los Lores en Inglaterra y los consejos de gobernadores en América podían aceptar o rechazar, pero no alterar. Todos los salarios de los funcionarios coloniales en América eran pagados por las asambleas.
Las causas directas: La causa principal de la revolución consistió más bien en la confluencia de dos tipos de desarrollo que se excluían mutuamente: la creciente autonomía económica y política de las sociedades coloniales y la política colonial imperialista que se implantó a partir de 1763. En una caricatura aparecida en Londres en febrero de 1776 se ridiculizaba la miopía de esa política: el incapaz gabinete contempla cómo el primer ministro mata al ganso cuyo provecho anterior se muestra en una cesta de huevos de oro colocada al fondo. (...) Tras el fin de las guerras francesa e india en
1763, el Parlamento comenzó una nueva política imperial. La vieja línea de negligencia benigna dio paso a una enérgica recaudación de ingresos en las colonias, por parte de la Corona, para sufragar los gastos de defensa y administración. Para financiar esta nueva política, el Parlamento aprobó nuevos impuestos para las colonias y modernizó y reforzó sus sistemas de aduanas en América, a fin de cobrar con más eficacia las tasas de importación. Para asegurarse de que se cumplían las nuevas leyes, el Parlamento estacionó varios regimientos del ejército en Boston y Nueva York.
Lo que los americanos y quienes les apoyaban en Gran Bretaña, argumentaban, sin embargo, era que las tasas de importación que el Parlamento había hecho entrar en vigor con el fin de incrementar los ingresos, en lugar de regular el comercio colonial, eran inconstitucionales, es decir, que desafiaban el precedente secular, que sólo permitía que fueran los representantes directos del pueblo quienes pudieran aprobar nuevos impuestos.
La unión americana ante la “injusticia”: lista de leyes creadas por Inglaterra que unieron aún más a los norte americanos:
Proclamation Line” de 1763, que prohibía el establecimiento de colonias más allá de los Apalaches;
los impuestos de “Grenville” de 1764 para pagar salarios de los gobernadores y jueces;
la “Sugar Act” de 1764 impuesto al azúcar;
la “Currency Act” de 1764 que prohibía que las colonias emitieran papel moneda;
la “Stamp Act” (ley del timbre) de 1765 que imponía un impuesto sobre el consumo;
la “Quartering Act” de 1765 que disponía el mantenimiento de un ejército en las colonias en tiempos de paz;
la “Declaratory Act” de 1766 que garantizaba la supremacía del Parlamento sobre las colonias “en cualquier caso”;
los impuestos “Townsend” de 1767 creando otra tasa;1
la “Tea Act” de 1779 que daba a las Compañía de las Indias Orientales el monopolio sobre la importación de Té a las colonias;
las leyes intolerables de 1774 que castigaban a Massachussets por las acciones de un puñado de radicales, que tiraron un cargamento de té al mar en el puerto de Boston[1], que motivaron la formación de un sistema inter colonial de comités de correspondencia, que abrieron camino a la convocatoria del Primer Congreso Continental, en septiembre de 1774;
El Parlamento estaba autorizado a regular el comercio en el imperio, pero no podía imponerle tributos directamente a los colonos; sus vidas, sus libertades y sus propiedades se encontraban bajo la protección de la constitución inglesa, al igual que los derechos de sus otros súbditos en Inglaterra. El Congreso llamó a los colonos a aplicar estrictamente el boicot a todas las mercancías de Inglaterra.
El cambio más significativo afectaba a la eliminación de una condena al rey por su reiterado veto de las leyes coloniales que prohibían la trata de esclavos africanos. Jefferson había acusado al rey de sucumbir a las presiones de la Royal African Company para mantener en marcha el lucrativo comercio. Los delegados del Sur Profundo (Georgia y Carolina del Norte y del Sur) se sintieron incómodos con esta crítica, porque sus colonias querían que la trata de esclavos continuara. Algunos delegados de las colonias del Norte, concretamente Rhode Island y Massachussets, se sentían incómodos ante la acusación al rey, ya que ellas habían controlado ese comercio.
Fundamentos ideológicos: El miembro de la Cámara de Representantes, Tomas Jefferson, redactó las instrucciones de los delegados de Virginia en el Congreso Continental. En él, atacaba la aparentemente coordinada política represiva británica: “Apenas han podido salir nuestras mentes del asombro en el que nos ha sumido un golpe de trueno parlamentario antes de que otro, más pesado y alarmante, caiga sobre nosotros. Los actos únicos de tiranía se pueden achacar a la opinión accidental del día, pero una serie de opresiones, comenzadas en un período distinguido, y mantenidas de forma inalterable por todos los cambios de ministros, demuestran, con demasiada obviedad, un plan deliberado y sistemático para reducirnos a la esclavitud”.
Quizás el acontecimiento más importante que llevó a la Declaración de Independencia fue la publicación, en enero de 1776, del panfleto “Sentido Común”, de Thomas Paine. En un lenguaje simple y enérgico, Paine electrificó al continente. “La causa de América –escribió- es en gran medida la causa de toda la humanidad (...) El sol nunca ha brillado sobre una causa de más importancia. No se trata de un asunto que afecte a una ciudad, un condado, una provincia o un reino, sino a un continente”. Paine añadió: “Está en nuestro poder empezar el mundo de nuevo. Una situación como la presente no se ha producido desde los días de Noé hasta hoy. El nacimiento de un nuevo mundo está alcance de la mano, y una raza de hombres, quizás tan numerosos como todos los que contiene Europa, va a recibir su porción de libertad de los acontecimientos de los próximos meses”. Este “manifiesto (debería) ser publicado y enviado a las cortes extranjeras, explicando las miserias que hemos sufrido y los métodos pacíficos que hemos usado inútilmente para obtener justicia, declarando a la vez que, no pudiendo por más tiempo vivir con felicidad o seguridad bajo la cruel disposición de la corte británica, nos hemos visto empujados a romper todas nuestras conexiones con ella”.
El 10 de mayo de 1776, el Segundo Congreso Continental aprobó una resolución recomendando que las convenciones revolucionarias provinciales que operaban en las colonias establecieran gobiernos permanentes responsables ante el pueblo. Cinco días más tarde, el Congreso adoptó un preámbulo a la resolución incluso más provocativo. Escrito por John Adams, esta afirmación introductoria justificaba la creación de nuevos gobiernos porque el rey y el parlamento habían declarado a las colonias en rebelión y fuera de la protección de la Corona, por lo que no se esperaba que se produjeran respuestas a las peticiones americanas y la reconciliación con Gran Bretaña parecía improbable. Años después, Adams se refirió a estas acciones como la auténtica declaración de independencia. El 2 de julio de 1776, finalmente, el Congreso continental establecía por unanimidad: “Estas colonias unidas son, y por derecho deben ser, Estados libres e independientes”.
4 de julio La Declaración de independencia se puede dividir en seis partes: la introducción, el preámbulo, las acusaciones contra el rey y el Parlamento, la denuncia del pueblo británico y la conclusión. La introducción consiste en una larga frase: “Cuando en el curso de los acontecimientos humanos se hace necesario para un pueblo disolver los lazos políticos que le han conectado a otro y asumir entre los poderes de la tierra la situación separada e igual a la que las leyes de la naturaleza y la naturaleza de Dios le dan derecho, un respeto decente a las opiniones de la humanidad requiere que se declaren las causa que les impulsan a la separación”. En esta frase, Jefferson colocaba el acontecimiento contemporáneo en el amplio discurrir de la Historia de la Humanidad. Jefferson basó el derecho del pueblo americano a un Estado independiente en la ley natural, no en los derechos de los ingleses, a los que la Declaración ignora por completo como cimiento de los derechos americanos.
“Sostenemos que estas verdades son evidentes por sí mismas, que todos los hombres fueron creados iguales, que han sido dotados por su creador de ciertos derechos inalienables, que entre ellos se encuentran la Vida, la Libertad y la búsqueda de la Felicidad. Que para garantizar estos derechos, se instituyen entre los Hombres los Gobiernos, que derivan sus justos poderes del consenso de los gobernados. Que cada vez que cualquier Forma de Gobierno se convierte en destructiva para estas metas, el Pueblo tiene Derecho a alterarlo o abolirlo y a instituir un nuevo Gobierno, cuyos cimientos estén en estos principios, y a organizar los poderes en la forma que le parezca que con más probabilidad defienda su Seguridad y Felicidad. La Prudencia, sin duda, dictará que no se cambien gobiernos establecidos durante mucho tiempo por causas de poca importancia y transitorias; y así la experiencia ha demostrado que el hombre está más dispuesto a sufrir, mientras los males sean soportables, que a desagraviarse aboliendo las formas a las que está acostumbrado. Pero cuando un largo tren de abusos y usurpaciones, que persigue invariablemente el mismo objeto, muestra el deseo de reducirle a un Despotismo absoluto, es su derecho, es su deber, derrocar a ese Gobierno y proporcionarse nuevas salvaguardas para su futura seguridad.
Por Felicidad, Jefferson se refería tanto al concepto de Locke, de la posibilidad de tener y disfrutar de propiedad, como al sentido más amplio de una sociedad próspera, pacífica y libre. Dada la naturaleza del hombre, los gobiernos han hallado  necesario preservar los derechos de la mayoría y de los débiles frente a unos pocos depredadores más fuertes. Pero el propio gobierno puede llegar a ser corrupto y opresor. Cuando esto ocurre, es el derecho y el deber del hombre derrocar al gobierno despótico y sustituirlo por uno nuevo que le ofrezca la seguridad adecuada.
“La historia del actual rey de la Gran Bretaña es una historia de repetidas injurias y usurpaciones, todas las cuales tienen como objeto directo el establecimiento de una Tiranía absoluta sobre estos Estados”.
No fueron móviles democráticos –radicales ni proyectos de reforma social lo que impulsaron a la élite política, reunida en 1776 en Filadelfia, a manifestarse de este modo por la soberanía popular, por el postulado de la igualdad entre los hombres y por el derecho de los gobernados a destituir a los gobernantes que se opusiesen  a los intereses del pueblo, definidos como “vida, libertad y búsqueda de la felicidad”. La necesidad de justificar la independencia de un nuevo Estado ante las viejas potencias de Europa fue lo que condujo a esa proclamación de nuevos principios del poder legítimo.
“Nosotros, los representantes de los Estados Unidos de América, reunidos en Congreso general, apelando al Juez Supremo del Universo que conoce la rectitud de nuestras intenciones, hacemos público y declaramos solemnemente, en nombre y con la autoridad del Buen Pueblo de estas Colonias, que estas Colonias son y tienen derecho de ser estados libres e independientes; que están desligadas de toda obediencia hacia la Corona de Gran Bretaña; que cualquier unión política entre ellas y el Estado de Gran Bretaña queda y debe quedar completamente rota...”
Hacia un gobierno federal: El movimiento por la transformación del Congreso continental en un gobierno federal con amplias atribuciones fue impulsado por un sector de la población que se imaginaba a la futura América como un imperio comercial que no estuviese subordinado a las grandes potencias europeas. ¿Por qué habrían de vegetar las trece repúblicas como satisfechos países agrarios de segunda fila? Unidos podían llegar a formar un “American empire” próspero, orientado a la colonización y explotación de todo el continente y al comercio con todos los países.
El Congreso de las Confederación, con sus comisiones, habría de ser reemplazado por un gobierno federal, que, siguiendo el ejemplo de los gobiernos de los diversos estados, estaría dividido en tres poderes: legislativo, ejecutivo y judicial.
La constitución es una notoria combinación de un gobierno unificado central  por un lado y de derechos individuales estatales y locales por otro. Uno de los aspectos más destacables de la nueva Constitución americana era su combinación equilibrada de un gobierno central con limitaciones a los poderes gubernamentales.






1 Este hecho fue causa directa de la llamada “matanza de Boston donde 5 ciudadanos que se oponían a los impuestos fueron asesinados por una unidad armada del ejército inglés.
[1] En Boston atracó un barco cargado con té y en diciembre de 1773, su cargamento de 342 cajas fue arrojado al puerto por los Hijos de la Libertad, disfrazados de indios mohicanos. Como el sistema judicial de Boston se encontraba al borde del colapso, en vez de detener y juzgar a los sospechosos del delito, el Parlamento británico, enfurecido, adoptó una serie de medidas de castigo para dar a Boston y las otras colonias una lección. Hasta que Boston compensara a los propietarios del té, el puerto quedaría cerrado al comercio y se suspendía la Carta Real de Massachussets. Se implantó un gobierno militar.
 Los líderes patriotas de todas las colonias denunciaron la severidad de las actuaciones del Parlamento.

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